29 de octubre de 2017

Una oxidada verja.
Un jardín en cuesta
con árboles y arbustos
aislados de sí mismos
sobre una tierra seca,
polvorienta y de raíces hueca.
Verde, castaño oscuro.
Una farola sola ilumina
con tres bombillas
el callejón de mi infancia.

Cómo nos escondimos
de quien contaba haciendo trampas,
y cómo nos descubríamos
por temor a que nos viese
alguien al otro lado de la verja,
a interrumpir el primer beso,
o perturbar al solitario meditante
iluminado por la sola farola.

Nunca pensé en
encontrarme aquí mirando
estos fantasmas pueriles,
con miedo a cortar
mi pensamiento y soledad.
Ahora que no hay nadie
crecen rosas de fuego
de aquellos arbustos
que daba por muertos.

Comentarios