20 de agosto de 2018
Está claro
que no puedo sostener
el agua entre los dedos,
ni guardarme la brisa
en la cartera.
Las ondas de las llamas
no prenden perennes
y la tierra dura
puede permanecer vacía.
Tanto llamarte
de tantas maneras,
- que si etérea o intangible -,
para que al final lo seas
y yo lo sepa mirándote:
te eres tan a ti misma
como tu respirar.
Ahora si te rozo
sufro el tacto irreal
de quien eres,
me abrazas y soy consciente
de que tu cuerpo
es tu mínima parte
y que puede escapárseme,
ave veloz;
te escucho y oigo
el fondo de tu esencia,
rumor de arroyo.
Pero es que la verdad es
que solamente las palabras
jugaron a vestirte como suyas
cuando ni tú ni yo somos de nadie:
eres inalcanzable
en cada aspecto vivaz
y perdóname,
tanto por las agujas
que temiste en mis labios
como por los ojos borrosos,
pero eso es desde siempre
y si me perdí
es porque no quise creérmelo.
que no puedo sostener
el agua entre los dedos,
ni guardarme la brisa
en la cartera.
Las ondas de las llamas
no prenden perennes
y la tierra dura
puede permanecer vacía.
Tanto llamarte
de tantas maneras,
- que si etérea o intangible -,
para que al final lo seas
y yo lo sepa mirándote:
te eres tan a ti misma
como tu respirar.
Ahora si te rozo
sufro el tacto irreal
de quien eres,
me abrazas y soy consciente
de que tu cuerpo
es tu mínima parte
y que puede escapárseme,
ave veloz;
te escucho y oigo
el fondo de tu esencia,
rumor de arroyo.
Pero es que la verdad es
que solamente las palabras
jugaron a vestirte como suyas
cuando ni tú ni yo somos de nadie:
eres inalcanzable
en cada aspecto vivaz
y perdóname,
tanto por las agujas
que temiste en mis labios
como por los ojos borrosos,
pero eso es desde siempre
y si me perdí
es porque no quise creérmelo.
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